Tres de cada cuatro trabajadores en el mundo tienen miedo de perder su empleo

Casi el 75% de los trabajadores del mundo afirma que sus ingresos se estancaron o quedaron rezagados respecto del costo de la vida, en tanto que una cantidad similar (67%) tiene miedo a perder su trabajo.

Así lo indican los resultados de la Encuesta Mundial anual encomendada por la Confederación Sindical Internacional (CSI) a la empresa internacional de estudios de mercado YouGov, abarcando a 16 países que representan el 56% de la población mundial, entre ellos la ArgentinaEl sondeo revela que el mundo ya atravesaba una situación crítica desde la óptica de los trabajadores, antes incluso de que la pandemia del coronavirus se extendiera a nivel global.

“Las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19 vienen a sumarse a una crisis preexistente de bajos salarios y empleos inseguros. Una de cada dos personas no cuenta con un colchón financiero y no es capaz de ahorrar para hacer frente a futuras dificultades, dependiendo de cada paga para sobrevivir. Sin ahorros o al no disponer de una red de seguridad, millones de personas afrontaron la pandemia debiendo escoger entre seguir trabajando o morirse de hambre”, afirma Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), en la que intervienen la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA).

Los resultados de la encuesta, realizada en febrero y marzo en Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, China, Chile, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Japón, Reino Unido, Rusia y Sudáfrica, constituye una advertencia de que los Gobiernos deberán trabajar con los sindicatos y con la sociedad civil para asegurar que sus planes de recuperación creen confianza y resiliencia.

Más de dos tercios de los encuestados indicaron estar preocupados por el cambio climático (69%), la creciente desigualdad (69%), el uso indebido de sus datos personales en línea (69%) y la posibilidad de perder su trabajo (67%). Estas preocupaciones se manifestaron en un momento de 2020 en que una de cada dos personas (52%) describiría como mala la situación económica de su país.

Otro aspecto preocupante tiene que ver con una percepción cada vez más amplia respecto de la desigualdad, tanto a nivel económico como de posibilidades de influir en las realidades de los países. Dos de cada tres encuestados (66%) piensan que la gente como ellos tiene poca influencia sobre la economía global, en tanto una proporción similar (63%) considera que los trabajadores tienen demasiada poca influencia. En contraposición, la mayoría piensa que el 1% más rico (65%) y los intereses de las empresas (57%) tienen demasiada influencia sobre los acontecimientos de todos los días.

Es más: casi tres cuartos de los encuestados (71%) cree que el sistema económico de su país favorece a los ricos, una idea que para los técnicos de la CSI, no hace otra cosa que revelar “que el contrato social está roto”.

Perspectivas

El informe revela un profundo nivel de incertidumbre en relación con los ingresos familiares y la seguridad en el empleo, y un sentimiento entre la población de pérdida de control respecto a su trabajo y su salario:

*Casi la mitad (42%) de los encuestados piensa que la próxima generación tiene pocas probabilidades de encontrar un empleo digno.

*Más de un tercio de los encuestados (39%) indicó que ellos mismos o alguien en su familia perdió su empleo o vio reducidas sus horas de trabajo en los últimos dos años.

*Tres cuartos (76%) consideran que el salario mínimo no es suficiente para sobrevivir.

*Un tercio (33%) piensa que tiene menos control respecto a sus opciones de trabajo decente.

*Más de uno de cada cuatro (28%) tiene menos control sobre las horas que trabaja.

“La desesperación que siente la población está extendiéndose y provocando una pérdida generalizada de confianza en la democracia como institución. Una de cada tres personas siente rabia o desesperación al preguntarle su reacción respecto a las medidas del Gobierno para cubrir sus necesidades y las de su familia. Para recobrar esa confianza hará falta un compromiso de los Gobiernos hacia los ciudadanos, que desemboque en un futuro basado en una serie de prioridades muy diferentes”, considera Burrow, que agrega que “la demanda de un cambio, reclamando empleos, acción climática y justicia en numerosos frentes, ha dejado de ser un simple eslogan. Los líderes deberían tener la confianza necesaria para comprometerse con un Nuevo Contrato Social, sabiendo que contarán con el apoyo de sus votantes”.

Otro aspecto de preocupación evidenciado en el sondeo tiene que ver con lo que los encuestados consideran como una necesidad: regular las acciones de las grandes multinacionales tecnológicas y proteger a sus trabajadores, a menudo muy vulnerables.

“El poder y el dominio que ejercen las grandes empresas tecnológicas no ha hecho sino incrementarse durante la pandemia de la COVID-19. Se cuenta con un claro mandato para la acción, cuando dos tercios de la población quiere que su Gobierno incremente los impuestos que pagan estas empresas y la misma proporción (66%) dice que apoyaría que el Gobierno aumente la regulación de dichas empresas. Las personas y los Gobiernos no deben estar sometidos al poder corporativo. Las consecuencias para los derechos y la democracia serían demasiado graves como para poder ignorarlas”, añadió la Sra. Burrow.

Los resultados de la Encuesta Mundial de la CSI representan la opinión del 56% de la población mundial mayor de 18 años. YouGov llevó a cabo la consulta en línea entre el 12 de febrero y el 9 de marzo. En cada país se encuestó a aproximadamente 1.000 personas, con un total de 18.281 respuestas registradas. Respecto a tres de las preguntas se sustituyó a China por Egipto, Indonesia y México, con un total de 21.346 respuestas.

El documento realiza una serie de propuestas para mejorar la confianza de los trabajadores en los gobiernos, entre ellas: 

*Reducir la brecha entre los ingresos de los que más y los que menos ganan.

*Pedir cuentas las empresas por cómo tratan a sus empleados y al medio ambiente.

*Subir los impuestos para sufragar el cuidado de niños, ancianos y enfermos.

*Aumentar el salario mínimo y comprometerse a garantizar trabajo decente.

*Intentar encontrar soluciones conjuntas con otros Gobiernos.

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