“Yo no miento… jijiji”

Lo dijo y pasó, como pasa todo y no pasa nada, con esa ligereza tan prima hermana de la irresponsabilidad con la que el Presidente Coso ha decidido hacer la parodia de la gobernanza.

Pasó con esa falta de compromiso absoluto que ha demostrado con la verdad. Dice y va para adelante, como si la palabra no fuera una estaca que se clava en la memoria, una bandera que dice “sí, lo dije” y que no se destiñe ni se decolora.

Tiene todo el derecho del mundo a explicar por qué no pudo, no cumplió, no salió, por qué cambió de opinión. Lo que no puede es hacer como si nunca hubiera clavado esa estaca.

La palabra, y más la de un Presidente, no es polvo en el viento. Es estaca en la memoria.

Claro, la corte de indignos desharrapados le hacen la vista gorda a cualquier cosa que diga, porque entre bomberos no se pisan la manguera. Así, que en el cierre del Coloquio Idea que debería cambiar de nombre después del discurso coso que dio el Presidente Más Coso de la Historia Argentina, le atribuyese a Benedetti unos versos de Serrat es lo de menos.

Los cabecitas de intelectuales chito la boca, lo dijo el padre de Dylan.

Ya había pasado cuando rodeado de escritores del palo, en la presentación del Plan Nacional de Lectura dijo de Jorge Luis Borges: “Pienso que su poesía es maravillosa, aunque se lo suele reconocer por sus novelas”.

Nadie dijo una palabra, pobrecitos.

Si supieran que se les nota tanto ese pánico que tienen de criticar, pensar, salirse de la fila. Si se vieran tan chiquitos, tan garrapiñados, tan chequecito por participación en Conversatorio Oficial con lenguaje inclusivo.

Qué triste papel el de los intelectuales cuando callan.

A propósito ¿alguien sabe en qué quedó el papelón aquel de la oveja negra de la familia Roemmers, Alejandrito, que anunció que regalaría 30.000 piezas de Borges al gobierno y Alberto Coso proclamó la realización de un Museo Borges y después, mutis por el foro cuando María Kodama dijo “eso es choreado”? Con otras palabras claro porque María será lo que será, pero es bien hablada.

El sábado nos enteramos que PC (Presidente Coso) le regaló al presidente francés Emmanuel Macron un manuscrito de Borges para un libro de Silvina Ocampo. ¿Tendrá algo que ver con lo choreado de lo que habló Kodama en diciembre? ¿Por qué el Presidente regala algo tan caro al patrimonio intelectual argentino como un manuscrito de su máximo escritor? ¿No hubiera sido buen material para el museo de Borges que anunció y quedó ahí publicado en cientos de páginas de Google, porque lo importante para esta gente es lo publicado, no lo realizado? ¿De dónde sacó el material? ¿Era del Estado argentino? ¿Dónde estaba?

Del museo no se habló más. En cambio del choreo, sí, hay que hablar todas las semanas porque a ese tema, a diferencia del museo, jamás lo abandonaron.

En estos días dijo el Presidente Fernández de Kirchner en su casa C5N: “Yo no miento”. ¡Qué jodón!

Y al día siguiente en Vaca Muerta, debajo de un casco que se notaba incómodo, como diciendo “¿qué corno hago yo acá” (el casco, no el Presidente Coso, que tampoco sabía) dijo: “Han pasado cuatro años muy difíciles en Argentina, donde parece haberse vivido la metáfora del olvido. Todos se olvidaron de la gente y se pagaron aumentos siderales de tarifas, mientras la producción de gas declinaba. Vamos a corregir las cosas. Vamos a ser la Argentina que nos merecemos”.

Y nos dejó pensando ¿para qué miente? ¿por qué miente el Presidente Coso? ¿Por ignorancia? ¿Por conveniencia? ¿Por aburrimiento? ¿Por deporte? ¿O porque está convencido de que no importa?

Se entiende, algo tiene que hacer para que nos olvidemos del papelón sanitario donde, como se escribió en las siempre vitales redes sociales, entre salud o economía eligió salvar a la mechera intergaláctica de las cuentas que nos debe dar en la Justicia. La semana próxima tendremos un millón de contagiados y a este ritmo de 400 fallecidos por día, en diez días estaremos cerca de los 30.000 muertos.

Se entiende que quiera huir hacia adelante porque la gestión de estos diez meses dejan a la altura de Churchill a cualquier otro gobierno democrático argentino con el que se lo compare.

Se entiende que de algo tiene que hablar y no tiene una buena para comentar. ¿Qué poroto se va a anotar? Si cada casa que inaugura, cada obra delante de la cual se para y arenga, fue realizada por la administración anterior y bien sabe que todos lo sabemos.

¿O en pandemia y en 10 meses hizo las obras que sale a entregar personalmente, porque para un demagogo nada mejor que una foto “regalando” algo como si no fuera función del Estado la obra pública?

Es más taquillera la fotito con la llavecita en la mano que una revisión de la manera de adjudicación de las obras, dónde están las filtraciones de plata que terminan llenando de billetes bolsos conventuales.

El mismo día en que el Presidente Coso se autoelogiaba por la construcción de viviendas y desde Ezeiza las “regalaba” en Tafí del Valle, Tucumán, un adjudicatario ya la ponía en venta.

O como ocurrió en Enrique Urien, en Chaco donde la intendenta Liliana Pascua, adiviná-de-qué-partido, con foto de rigor con Capitaniche y Fernández justificó el hecho de que de diez viviendas sociales, entregó una a su madre, otra a un tío, otra a un cuñado, una para ella y otra para el presidente del Concejo Deliberante diciendo: “Bueno, yo también tengo familia”.

Por no hablar de los 1.400 millones de pesos que tenían que ir para hacer 2.000 casas pero gracias a Milagro Sala, la Santa Virgen del Progresismo Palermitano, sólo se construyeron 320 que debieron ser destruidas por defectuosas. Por las otras 1.680 habrá que preguntarle a Alicia Dujovne de Ortiz, otra intelectual merecedora de Cabecita de Dujovne, quien desde París donde vive escribió un libro elogioso de la desaparecedora de fondos estatales.

Quizás ella pueda saber, además de las torturas aplicadas a los disidentes por parte de la Pacha Mama de los Santos Billetes, dónde fueron a parar los otros $60 millones que el Estado le dio para concretar obras de programas del Ministerio de Coso de Planificación Federal, a cargo del criador de pajaritos Coso De Vido.

Volviendo a Vaca Muerta, ¿para qué mentir?

Él, si no habla mal de su predecesor, es como que le falta algo. Es un Coso Cafiero sin pulserita roja.

¿Por qué miente con cosas que son tan fácilmente rebatibles?

Todos los datos oficiales están en páginas del Estado y cualquiera con una simple googleada, las encuentra.

Entre 2011 y 2015 se gastaron 40 mil millones de dólares para importar energía. Quizás algo haya tenido que ver que entre 2007 y 2014 cayó la producción de gas en casi un 20%. Y que, otra vez, Coso De Vido estaba encargado de manejar la caja.

¿Por qué miente, si es público y notorio que entre 2015 y 2019 creció un 15% la producción de gas?

Sabe muy bien que en el primer semestre del 19 por primera vez en una década las exportaciones fueron mayores que las importaciones de buques metaneros.

Sabe muy bien que la producción de gas pasó de 113,7 millones de metros cúbicos diarios en 2015 a 137 millones en 2019.

Sabe muy bien que en Vaca Muerta se pasó de un promedio mensual de 98 fracturas en 2015, a 542 en 2019. Y él recién en octubre del 20 se acordó del lugar.

Sabe muy bien que las energías renovables que en 2015 eran el 1,8% del total, pasaron en 2019 al 11,6%.

Claro, hasta el 2015 cuando pagábamos la factura de gas, sólo pagábamos el 15% de lo que en realidad costaba ese servicio. En el 2019 cubría el 80%. ¿Difícil de pagar? Sí, claro, por eso había tres millones de hogares con tarifa social.

Sabe muy bien que después de 11 años se volvió a exportar gas.

¿O no lo sabe?

A esta altura no sé qué es peor.

¿Conoce todos los datos, miente y nos trata de ignorantes? ¿Los desconoce y el ignorante es él? Qué intríngulis.

Presidente Coso ¿de dónde sacó que tiene derecho a mentirnos y a gritarnos?

Se vanaglorió el jueves del freno a las tarifas de gas “para que todos los argentinos no sufran en el medio de la crisis”. El viernes, el secretario de Energía anunció que sueltan el freno. Y a pocas horas de tanta alegría por el cuidado a los argentinos, aumentó la nafta un 3,5%.

¿Saben qué?

Basta de dar vueltas sobre las mismas mentiras de siempre. Ya fuimos demasiado tiempo un perro mordiéndonos la cola por culpa de estos farabutes

¿Qué tienen para decir?

Apañan las usurpaciones más violentas; no tienen la más pálida idea de qué hacer con la economía porque el problema no es económico sino es que, justamente, tanto mintieron que ya nadie les cree nada. Tiran parches que no arreglan los problemas, los profundizan.

Nos dijeron que la cuarentena era una cura cuando en realidad era una cueva para que el virus siguiera agazapado esperando que saliéramos. Mientras nos quedamos en la cueva con Alí Babá, salieron los más de 40 ladrones y no dejaron nada. Cuando nos asomamos, el virus seguía ahí. Y empezamos a morirnos.

Es hora de que les dé vergüenza de una vez por todas arrear pobres, manosearlos, jugar con su miseria.

Que les dé vergüenza celebrar una lealtad de morondanga al que más chorea.

Que les dé vergüenza ser nietos putativos del fascismo mussoliniano, el de “a los amigos todo, a los enemigos ni Justicia”.

Basta.

Empecemos a pensar otra cosa porque nuestra salud mental está en juego.

Hay una pandemia de desánimo, el virus del abatimiento nos agarró sin respiradores.

No lo merecemos, somos mejores que eso.

Seamos felices, nacimos para brillar, no para morir de hambre.

De los laberintos se sale por arriba, armemos la escalera. Hay otra vida mucho mejor que nos pertenece. Una en la que no te despiertan con una cachetada que te hace sentir más pobre y más ultrajado; en la que no tenés que poner la radio a ver con qué te quieren joder hoy.

Vamos a imaginar ese país que es la manera en que se comienza a realizar.

Que nos resulte mil veces más seductor, antes que “volver a la Argentina de los abuelos”, formatear la Argentina de los nietos.

¿Quién se prende?

Porque va a venir.

Y estas miserias serán un mal recuerdo.

No podemos seguir pensando exclusivamente en la semana que viene. Más allá hay un futuro que no se hace con chicos fuera de la escuela, con planes demagógicos y eternos, con punteros que depositan gente en las usurpaciones y cobran interés en cajas nacionales. Se hace con periodistas que desconfíen de las gacetillas oficiales, de los cafés en oficinas cercanas al poder, de la falsa camaradería de “las fuentes”.

A ese futuro no se va en micros escolares alquilados para actos perversos, ni en micros de dos pisos que recorren rutas peligrosas del país. Llegaremos con aviones para todos, trenes veloces y en autopistas inteligentes.

A ese futuro no se llega ni con la muerte ni con el silencio ni con la mentira. Se llega con aspas gigantes que dan energía, con paneles solares, con Gino Tubaro y Matías Salvatto y con todos los chicos y chicas que se plantaron y dijeron “tenemos derecho a tener clases presenciales”. Dame 10 estudiantes decididos, sacame a Baradel del medio, que estorba.

En ese futuro no hay lugar para la venganza, el choreo ni la impunidad.

¿Cómo fue que llegamos a pensar que no podíamos?

¿Desde cuándo somos una fila del matadero del plan social?

No somos víctimas, somos ciudadanos con todo derecho de decirle al presidente que no nos mienta y que si nos miente, problema de él, porque ya no le creemos.

Ese futuro no tiene los pies en una palangana. ¿Has visto lo ridículo que se muestra un fanático con los pies en una palanga, creyendo encarnar un mito que en realidad huele a moho y siglo pasado, demagogia y crespón negro obligatorio?

El Presidente Angustias dijo, en su etapa superior de desconexión: “Lo bueno es que llegamos al fondo del pozo”. No sé si es el fondo. Sí sé que ahí no volvemos. Que se quede con su pozo. Ninguna de las cosas de las que habla o hace están en contacto con lo que le pasa hoy de verdad a los ciudadanos. Ni hablar de la PresidentaVice, envuelta en su torbellino de egoísmo.

Pero nosotros tenemos otras urgencias.

Eliminar las telarañas que nos han tejido.

Pensar todo de nuevo.

Desintoxicarnos de estos cosos.

Volver a respirar que la vida es una sola y estos mercachifles no se merecen un gramo más de nuestra energía.

Ni uno.

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